La aprobación del texto final del Proyecto de Ley que establece el Plan Nacional de Educación por parte de la Comisión Especial consolida la visión de la educación como inversión y protege contra retrocesos, pero exige un enfoque de valoración docente para ir más allá de la etapa de planificación, dicen los expertos.

La aprobación del nuevo Plan Nacional de Educación (PNE) por la Comisión Especial de la Cámara de Diputados el pasado jueves 10 no es una mera formalidad legislativa; es una reafirmación de la educación como proyecto de Estado, inmune a las fluctuaciones de los gobiernos de transición. Al avalar el texto que guiará las políticas públicas hasta 2034, la Comisión Especial dio una respuesta constructiva a la sociedad: la planificación democrática triunfó sobre la improvisación. El documento, que ahora pasa al Senado, contiene algunas victorias progresistas al proteger a las escuelas públicas de las agendas distraccionistas, especialmente la educación en casa, además de consolidar la visión de que los recursos para la educación no son gastos, sino la base del desarrollo nacional.

El ministro de Educación, Camilo Santana, celebró la aprobación del proyecto en la Comisión Especial durante el anuncio de las inversiones del programa Nuevas Selecciones del PAC, que destinará R$ 39.300 millones a servicios de salud, educación y agua y alcantarillado a través del Fondo de Inversión en Infraestructura Social (FIIS). En presencia del presidente Lula, expresó su esperanza de que el Plan Nacional de Educación (PNE) se aprobara para 2025. Santana enfatizó que el PNE se construyó con base en la participación ciudadana, mediante conferencias municipales, estatales y nacionales, «en diálogo con la sociedad, escuchando y colaborando con el parlamento», para definir las metas educativas del país para los próximos 10 años.

Avances estratégicos y el factor humano

El proyecto aprobado aporta innovaciones cruciales, como la educación preescolar universal para niños de 4 y 5 años en su segundo año de implementación y la conexión a internet de alta velocidad del 100% de las escuelas públicas. Además, establece la ampliación de la educación a tiempo completo al 50% de las escuelas, una medida vital para combatir la deserción escolar y la desigualdad.

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Cesar Calegari, presidente del Consejo Nacional de Educación (CNE), reconoce los avances en el sistema de seguimiento y el restablecimiento de las metas históricas, pero advierte sobre una brecha estratégica: la centralidad del profesorado. Según Calegari, el plan carecía de una «marca estratégica global» centrada en la docencia. «Todos los objetivos solo pueden alcanzarse con una nueva generación de docentes, con formación a tiempo completo, una trayectoria profesional nacional estructurada y una remuneración que atraiga a los mejores talentos», argumenta. En su opinión, esta valoración debería ser la estrategia prioritaria del próximo ciclo de gobierno para que Brasil pueda afrontar los desafíos geopolíticos y sociales del siglo XXI. El profesor celebra lo que denominó «distracciones peligrosas», como la educación en casa, una agenda persistente de sectores conservadores que pretenden descalificar la escuela como un derecho subjetivo del alumnado, según evalúa.

El desafío de la implementación

La articulación entre el nuevo Plan Nacional de Educación (PNE) y el Sistema Educativo Nacional se considera clave para superar el fracaso de las metas anteriores. El profesor Heleno Araújo, coordinador del Foro Nacional de Educación (FNE), señala que Brasil aún tiene más de un millón de niños sin escolarizar y 50 millones de adultos sin completar la educación básica. Para él, el nuevo plan, combinado con la ley del SNE, finalmente ofrece los instrumentos para cambiar este panorama. Destacó el papel del FNE en la construcción del PNE: «4.386 municipios participaron eficazmente en esta reflexión y en la elaboración de propuestas de políticas educativas en nuestro país, las cuales se presentaron y discutieron en conferencias en todos los estados y el Distrito Federal, y se consolidaron en la Conferencia Nacional de Educación de 2024, culminando en un documento que se entregó al Ministerio de Educación en febrero de 2024», recuerda.

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“La expectativa es que, en los próximos diez años, podamos avanzar realmente en la implementación de estos objetivos, garantizando una escuela bien equipada y atractiva”, afirma Araújo. Destaca que, si bien el texto no aborda el 100% de las demandas de la Conferencia Nacional de Educación (Conae) debido a disputas en el Congreso, es un instrumento fundamental.

Tras su aprobación, el nuevo Plan Nacional de Educación (PNE) garantizará recursos vinculados al PIB y un sistema de colaboración federal más sólido. Y, en los próximos diez años, Brasil tendrá, tras casi una década de reveses, la oportunidad real de convertir las aulas en espacios transformadores.